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viernes, 31 de octubre de 2014
jueves, 2 de octubre de 2014
OTOÑO
El otoño es pajizo no ámbar, y su luz es grisácea
el otoño es de lluvia irisada, de endrina y boletus
de castaño de indias y bellotas
de nueces y abedul
de jara y espinos
el otoño es de lluvia irisada, de endrina y boletus
de castaño de indias y bellotas
de nueces y abedul
de jara y espinos
el círculo
cromático es una estación que pasa
Vino es bermellón, sésamo no es ocre
laurel es cetrino, uva no es púrpura
musgo es esmeralda
puedo colorear de un trazo las sombras de los riscos
hay baños de colores del ocre al azafrán
Oigo respirar al árbol que colorea el pintor
con caprichos
de matices en sus hojas
puedo oler su germen y en cada gota veo resina
por el
río baja una curva hacia los peñascales
se oyen más los verdes por su despedida
El olor a seco, por los pasos húmedos
los suspiros, por vertidos cerca de la tempestad
el ruido de la hojarasca, por pisadas sobre charcos
la rueda mojada sobre el asfalto, por enjambres de miel
apacigua el sueño la tarde
mojada
Tan audaz como el faquir andando sobre cristales,
así es la
luz que en el centro brilla
para qué atraer a la simiente, si el chaparrón ya no es suficiente
para levantar las nubes
los aires de discordia
suenan a cestos de recogida de setas.
la esperanza queda
clausurada y barnizada
El otoño de
los duermevelas
de riesgos y
de infortunios, el de ya no queda nada,
el de momentos
perdidos
que tras darles la vuelta damos por ganados
el otoño del
paraguas de lunares
el otoño de aire fresco al terminar
lunes, 10 de marzo de 2014
A TIENTAS
A tientas y a medianoche me levanto,
escucho la música y bebo del vaso,
y entonces veo los restos,
sólo así puedo observarlos
de día se desvanecen,
de día se desvanecen,
todos
los suyos y los míos
que yacen enterrados.
Porque al final ocurrió
en un momento llegó y se olvidó
de los niños violentos
del olor de las personas
y le hizo un quiebro a la alegría
saldando la cuenta del ensayo
y el error.
y el error.
(alrededor ya no hay
nada)
Me disfrazo de arlequín
para recorrer el asfalto
y así es como puedo ver
mi propia sangre escupir,
a través de poros ciegos
y en ella mojo un pincel
y en ella mojo un pincel
para pintar mi sonrisa
e iluminar sus mejillas.
(nada queda alrededor)
Me encontré una guerra fría,
y aquí dentro no amainaba,
quedaron mis uñas rotas
por arañar la pared
que pretendía saltar,
que pretendía saltar,
después lancé las esquirlas
hacia el último vagón
hacia el último vagón
por invertir su desprecio
para apagar todo el fuego
y después calmar la sed
por si aún estaba tiempo
de escuchar un quédate
conmigo.
conmigo.
(por fin ya no queda nada)
viernes, 3 de enero de 2014
CAÍDA LIBRE (III)
Ahora Hermes galopaba con furia, con rabia contenida, como queriendo liberar
toda la carga que el susto le había dejado. Pero... hacia dónde se dirigía ?
Era una noche clara, la luna alumbraba las siluetas de los árboles del bosque
en el que ya nos habíamos adentrado, por lo que pronto pude divisar a lo lejos
la enorme grieta que el terreno trazaba. No puede ser, no puede ir hacia allí -pensé.
Acaso querría enseñarme algún lugar? Estaría explorando nuevos caminos ?
Desde hacía ya rato el caballo había dejado de obedecrme. Por más que le había
tirado de las riendas, no conseguía pararlo. De pronto noté que galopaba como
un caballo salvaje al que nunca nadie antes hubiera montado, como si nunca hubiese
tenido ningún tipo de contacto humano. Estaba fuera de todo control.
La suerte que corriera el caballo iba a ser la mía propia y, ahora sí lo veía claro,
iba derecho hacia el desfiladero y sin ninguna intención de detenerse a enseñarme
paraje alguno. Íbamos en línea recta y a toda velocidad a encontrarnos con el abismo.
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Sentí que se me dormían las manos y los pies.
Mi respiración agitada, entrecortada, unida al agotamiento de la carrera, me hicieron
gritar como nunca antes había gritado: POR FAVOR PAAAAAARAAAAAAAA !!!!!
Grité hasta quedarme sin aliento,la garganta fundida, la sangre agolpada en la cabeza,
las piernas temblorosas, el cuerpo entero en máxima tensión, como si todas las fuerzas
fueran pocas para hacer oir mi voz.
Grité hasta que mi grito quedó ahogado por un llanto incontrolado. Me faltaba el aire,
la cabeza me daba vueltas.
No lo hagas Hermes- susurré muy bajito, con un último hilo de voz, a sabiendas de que
ya nada iba a poder detenerle. El caballo iba ciego, enfilado, ofuscado completamente.
Por un momento pensé en tirarme a pesar de la velocidad, pero por alguna razón
(o más bien sinrazón) permanecí en su grupa. Yo no me había propuesto caer, pero mucho
menos querría verle a él caer solo.
En un momento sus patas dejaron de tocar tierra firme, hubiese jurado que adelantó
incluso su cabeza, estirando el cuello al máximo, como si de un plusmarquista tratando de
de arañar segundos para llegar a la meta se tratara.
Ahora Hermes y yo,
sin remedio,
en el vacío de la pared,
mutilándonos en cada segmento,
despresurizando los cuerpos,
estallándonos los tímpanos,
nos hemos perdido el uno al otro entre la niebla,
mientras seguimos,
en caída libre.
toda la carga que el susto le había dejado. Pero... hacia dónde se dirigía ?
Era una noche clara, la luna alumbraba las siluetas de los árboles del bosque
en el que ya nos habíamos adentrado, por lo que pronto pude divisar a lo lejos
la enorme grieta que el terreno trazaba. No puede ser, no puede ir hacia allí -pensé.
Acaso querría enseñarme algún lugar? Estaría explorando nuevos caminos ?
Desde hacía ya rato el caballo había dejado de obedecrme. Por más que le había
tirado de las riendas, no conseguía pararlo. De pronto noté que galopaba como
un caballo salvaje al que nunca nadie antes hubiera montado, como si nunca hubiese
tenido ningún tipo de contacto humano. Estaba fuera de todo control.
La suerte que corriera el caballo iba a ser la mía propia y, ahora sí lo veía claro,
iba derecho hacia el desfiladero y sin ninguna intención de detenerse a enseñarme
paraje alguno. Íbamos en línea recta y a toda velocidad a encontrarnos con el abismo.
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Sentí que se me dormían las manos y los pies.
Mi respiración agitada, entrecortada, unida al agotamiento de la carrera, me hicieron
gritar como nunca antes había gritado: POR FAVOR PAAAAAARAAAAAAAA !!!!!
Grité hasta quedarme sin aliento,la garganta fundida, la sangre agolpada en la cabeza,
las piernas temblorosas, el cuerpo entero en máxima tensión, como si todas las fuerzas
fueran pocas para hacer oir mi voz.
Grité hasta que mi grito quedó ahogado por un llanto incontrolado. Me faltaba el aire,
la cabeza me daba vueltas.
No lo hagas Hermes- susurré muy bajito, con un último hilo de voz, a sabiendas de que
ya nada iba a poder detenerle. El caballo iba ciego, enfilado, ofuscado completamente.
Por un momento pensé en tirarme a pesar de la velocidad, pero por alguna razón
(o más bien sinrazón) permanecí en su grupa. Yo no me había propuesto caer, pero mucho
menos querría verle a él caer solo.
En un momento sus patas dejaron de tocar tierra firme, hubiese jurado que adelantó
incluso su cabeza, estirando el cuello al máximo, como si de un plusmarquista tratando de
de arañar segundos para llegar a la meta se tratara.
Ahora Hermes y yo,
sin remedio,
en el vacío de la pared,
mutilándonos en cada segmento,
despresurizando los cuerpos,
estallándonos los tímpanos,
nos hemos perdido el uno al otro entre la niebla,
mientras seguimos,
en caída libre.
martes, 17 de diciembre de 2013
CAÍDA LIBRE (II)
Muy pronto la velocidad empezó a ponerse realmente interesante. Ese punto en el que sabes que no vas a poder mantener mucho tiempo, pero en el que te quedarías para toda la eternidad. Prácticamente no notaba las pisadas del caballo, enteramente era como si volara, las patas sólo rozaban el suelo para no perder el equilibrio, como punto de referencia, pero los altibajos que produce la cabalgada se habían amortiguado y mi cuerpo ya sólo vibraba de emoción, pero no como consecuencia de los saltos.
Empecé a notar las lágrimas en mis ojos, como cuando vas a toda leche en la moto y tienes que entrecerrarlos para poder ver algo nítido. El viento azotaba en mi cara con fuerza y notaba mi gesto comprimido. En algún momento tuve miedo, sí, pero podía más la emoción y no pensaba parar ni aminorar la marcha. Nunca había ido a tal velocidad encima de un caballo y no sabía hasta qué punto él podría aguantar y mantener los reflejos, pero aún así asumí el riesgo.Mientras todos estos pensamientos pasaban por mi cabeza, el caballo había tomado un rumbo desconocido para mí, no reconocía el camino por el que íbamos.
Instintivamente tiré de una rienda para que girara, por un momento pensé que se había perdido aunque me resultó raro, Hermes conocía los alrededores de la cuadra y siempre iba y volvía sin necesidad de guiarle. Pero aquel tirón fue fatídico. En el instante en que la rienda le rozó, el caballo pegó un traspiés que a duras penas pudo reequilibrar, debido a la velocidad que llevaba. Se levantó una gran polvareda a nuestro alrededor. El caballo daba vueltas aterrorizado. Le había desconcentrado de su carrera y empezó a relinchar mientras levantaba las patas delanteras ofuscado, dando cortos pasos hacia atrás en señal de protesta. Intenté tranquilizarle acariciando su cuello. El caballo sólo cambio la dirección de los giros que había empezado a dar sobre sí mismo, y fue paulatinamente calmándose.
Una vez pasado el susto y recuperado el aliento, Hermes empezó a trotar de nuevo, sin embargo yo sabía que algo iba mal. Resoplaba a cada paso y sacudía la cabeza con fuerza, como si quisiera quitarse de encima un enjambre de avispas que le estuvieran atacando.
De pronto y sin más preámbulos cogió otra vez carrerilla, yo ahora ya no veía prácticamente hacia dónde se dirigía, me había asustado mucho el frenazo y la noche se nos había echado encima sin darnos cuenta. Le dejé correr porque creí que se cansaría en pocos minutos. De hecho notaba el sudor atravesando sus crines.
Pero la carrera pronto se hizo de nuevo vertiginosa y… no, definitivamente algo iba mal, y ahora sí que temía por nosotros.
Empecé a notar las lágrimas en mis ojos, como cuando vas a toda leche en la moto y tienes que entrecerrarlos para poder ver algo nítido. El viento azotaba en mi cara con fuerza y notaba mi gesto comprimido. En algún momento tuve miedo, sí, pero podía más la emoción y no pensaba parar ni aminorar la marcha. Nunca había ido a tal velocidad encima de un caballo y no sabía hasta qué punto él podría aguantar y mantener los reflejos, pero aún así asumí el riesgo.Mientras todos estos pensamientos pasaban por mi cabeza, el caballo había tomado un rumbo desconocido para mí, no reconocía el camino por el que íbamos.
Instintivamente tiré de una rienda para que girara, por un momento pensé que se había perdido aunque me resultó raro, Hermes conocía los alrededores de la cuadra y siempre iba y volvía sin necesidad de guiarle. Pero aquel tirón fue fatídico. En el instante en que la rienda le rozó, el caballo pegó un traspiés que a duras penas pudo reequilibrar, debido a la velocidad que llevaba. Se levantó una gran polvareda a nuestro alrededor. El caballo daba vueltas aterrorizado. Le había desconcentrado de su carrera y empezó a relinchar mientras levantaba las patas delanteras ofuscado, dando cortos pasos hacia atrás en señal de protesta. Intenté tranquilizarle acariciando su cuello. El caballo sólo cambio la dirección de los giros que había empezado a dar sobre sí mismo, y fue paulatinamente calmándose.
Una vez pasado el susto y recuperado el aliento, Hermes empezó a trotar de nuevo, sin embargo yo sabía que algo iba mal. Resoplaba a cada paso y sacudía la cabeza con fuerza, como si quisiera quitarse de encima un enjambre de avispas que le estuvieran atacando.
De pronto y sin más preámbulos cogió otra vez carrerilla, yo ahora ya no veía prácticamente hacia dónde se dirigía, me había asustado mucho el frenazo y la noche se nos había echado encima sin darnos cuenta. Le dejé correr porque creí que se cansaría en pocos minutos. De hecho notaba el sudor atravesando sus crines.
Pero la carrera pronto se hizo de nuevo vertiginosa y… no, definitivamente algo iba mal, y ahora sí que temía por nosotros.
lunes, 25 de noviembre de 2013
CAÍDA LIBRE (I)
Aquella vez Hermes parecía estar más en forma que nunca. Había pasado una temporada de baja, recuperándose de una caída en su última carrera.
Había sido una simple carrera veraniega, sin más pretensiones, sólo para darse a conocer en esta nueva modalidad, una carrera gratuita para entretenimiento de los turistas de la zona, una carrera por la playa, con la arena mojada, cuando el mar se retira al atardecer entre las playas de Bajo de Guía y Las Piletas. El parque nacional de Doñana al fondo. Todo un decorado para promocionar a los caballos y los alrededores del lugar. El caballo de detrás le estuvo marcando el paso casi todo el tiempo, y en el último tramo, a pocos segundos de la meta, le adelantó derribándole de una patada.
Nadie entendió nunca el por qué, no se ponía nada en juego, la carrera estaba siendo meramente lúdica, un espectáculo al más puro estilo pueblo en fiestas, todo el entorno a favor.
No era necesaria una lesión, ni una pugna de oponentes de esta dimensión.
Hermes era un “Irish Hunter”, un cruce de pura sangre Byerly Turk con una yegua inglesa connemara, un ejemplar potente y bien proporcionado, dentro de su categoría de peso ligero. Antes de esta carrera, había competido siempre en salto, ya que sus condiciones físicas le dotaban para lucirse en esta especialidad, en la que había destacado siempre, y en la que había acumulado ya unos cuantos premios. Su complexión física le hacía más que apto para los saltos. Su bajo peso y sus fuertes y alargados músculos, junto con su nervio y juventud, le otorgaban una habilidad, una seguridad y un cálculo, que pocas veces se daban reunidas en un caballo.
Hermes, a pesar del tiempo en barbecho que había pasado, parecía tener fuerzas renovadas, se le veía más entusiasta que nunca,(dentro de que nunca había sido un caballo especialmente lanzado). Le notaba inquieto, con ganas de volver a correr y disfrutar. Iba a necesitar un pequeño entrenamiento, sí, pero me moría de ganas de probarle antes. Así que lo pensé sólo un par de medios minutos antes de poner el pie en el estribo. Confiaba en él. Siempre lo había hecho, ese caballo había sido siempre mi favorito, y a pesar de sus tropiezos, sentía un vínculo con él que nunca antes había tenido con ningún otro caballo de las caballerizas.
Así que, cuando el veterinario me anunció que ya le podía dar una carrera, ví el cielo abierto. Dejé todo lo que estaba haciendo y me presenté en el establo en menos de media hora.
En cuanto me vio entrar con las botas de montar (todavía me estaba ajustando la del pie izquierdo por las prisas), Hermes relinchó y movió la cabeza ondeando sus crines.
Dios, cuánta hermosura !!
Siempre que le veía me sorprendía comprobar que al natural era aún más bonito que cuando le recordaba.
Le sonreí: cómo me conoces, eh ? El caballo volvió a subir y bajar su cabeza (esta vez más agachada y con movimientos más suaves) mientras daba un paso atrás.(el lenguaje de los caballos es todo un mundo).
Me abracé a su largo y fino cuello, y noté cómo una corriente eléctrica atravesaba todo su cuerpo.
Fue sólo un instante, pero la sentí intensa, casi tanto como la mía. Sería verdad lo que intuía ?
Sería verdad que el vínculo con ese caballo era mutuo y que yo también era su favorita ? Bah, tonterías, pensé. Lo que pasa es que está loco por salir. Así que voy a ser yo la que le saque a dar su primera vuelta después de la convalecencia, por lo menos ahora sé que eso no le hará daño.
Una vez subida encima de Hermes, mi pequeño gran ejemplar empezó a caminar despacio, con cautela, pero muy pronto aumentó el ritmo del paso hasta ponerse al galope en menos de medio minuto.
(todo parecía ser cuestión de medios minutos esta vez). Mis carcajadas de alegría debieron oírse en el establo. No podía controlar tanta emoción. Me parecía mentira. Hermes iba a toda máquina, más veloz y lanzado que nunca. De hecho no le conocía en esta faceta. Siempre había hecho falta que yo le animara y empujara varias veces antes de empezar simplemente a trotar. Pero esta vez iba solo, yo nada más que estaba encima, no le guiaba, no le dirigía, no le presionaba, ni siquiera le animaba; sólo gritaba de alegría. Y a cada grito o carcajada, Hermes iba cogiendo más y más velocidad. Íbamos embalados, ni siquiera podía mirar atrás para ver el polvo que el caballo iba levantando.
Me había fusionado casi literalmente con su grupa, agarrada con mis rodillas fuertemente, éramos prácticamente un solo cuerpo.
Había sido una simple carrera veraniega, sin más pretensiones, sólo para darse a conocer en esta nueva modalidad, una carrera gratuita para entretenimiento de los turistas de la zona, una carrera por la playa, con la arena mojada, cuando el mar se retira al atardecer entre las playas de Bajo de Guía y Las Piletas. El parque nacional de Doñana al fondo. Todo un decorado para promocionar a los caballos y los alrededores del lugar. El caballo de detrás le estuvo marcando el paso casi todo el tiempo, y en el último tramo, a pocos segundos de la meta, le adelantó derribándole de una patada.
Nadie entendió nunca el por qué, no se ponía nada en juego, la carrera estaba siendo meramente lúdica, un espectáculo al más puro estilo pueblo en fiestas, todo el entorno a favor.
No era necesaria una lesión, ni una pugna de oponentes de esta dimensión.
Hermes era un “Irish Hunter”, un cruce de pura sangre Byerly Turk con una yegua inglesa connemara, un ejemplar potente y bien proporcionado, dentro de su categoría de peso ligero. Antes de esta carrera, había competido siempre en salto, ya que sus condiciones físicas le dotaban para lucirse en esta especialidad, en la que había destacado siempre, y en la que había acumulado ya unos cuantos premios. Su complexión física le hacía más que apto para los saltos. Su bajo peso y sus fuertes y alargados músculos, junto con su nervio y juventud, le otorgaban una habilidad, una seguridad y un cálculo, que pocas veces se daban reunidas en un caballo.
Hermes, a pesar del tiempo en barbecho que había pasado, parecía tener fuerzas renovadas, se le veía más entusiasta que nunca,(dentro de que nunca había sido un caballo especialmente lanzado). Le notaba inquieto, con ganas de volver a correr y disfrutar. Iba a necesitar un pequeño entrenamiento, sí, pero me moría de ganas de probarle antes. Así que lo pensé sólo un par de medios minutos antes de poner el pie en el estribo. Confiaba en él. Siempre lo había hecho, ese caballo había sido siempre mi favorito, y a pesar de sus tropiezos, sentía un vínculo con él que nunca antes había tenido con ningún otro caballo de las caballerizas.
Así que, cuando el veterinario me anunció que ya le podía dar una carrera, ví el cielo abierto. Dejé todo lo que estaba haciendo y me presenté en el establo en menos de media hora.
En cuanto me vio entrar con las botas de montar (todavía me estaba ajustando la del pie izquierdo por las prisas), Hermes relinchó y movió la cabeza ondeando sus crines.
Dios, cuánta hermosura !!
Siempre que le veía me sorprendía comprobar que al natural era aún más bonito que cuando le recordaba.
Le sonreí: cómo me conoces, eh ? El caballo volvió a subir y bajar su cabeza (esta vez más agachada y con movimientos más suaves) mientras daba un paso atrás.(el lenguaje de los caballos es todo un mundo).
Me abracé a su largo y fino cuello, y noté cómo una corriente eléctrica atravesaba todo su cuerpo.
Fue sólo un instante, pero la sentí intensa, casi tanto como la mía. Sería verdad lo que intuía ?
Sería verdad que el vínculo con ese caballo era mutuo y que yo también era su favorita ? Bah, tonterías, pensé. Lo que pasa es que está loco por salir. Así que voy a ser yo la que le saque a dar su primera vuelta después de la convalecencia, por lo menos ahora sé que eso no le hará daño.
Una vez subida encima de Hermes, mi pequeño gran ejemplar empezó a caminar despacio, con cautela, pero muy pronto aumentó el ritmo del paso hasta ponerse al galope en menos de medio minuto.
(todo parecía ser cuestión de medios minutos esta vez). Mis carcajadas de alegría debieron oírse en el establo. No podía controlar tanta emoción. Me parecía mentira. Hermes iba a toda máquina, más veloz y lanzado que nunca. De hecho no le conocía en esta faceta. Siempre había hecho falta que yo le animara y empujara varias veces antes de empezar simplemente a trotar. Pero esta vez iba solo, yo nada más que estaba encima, no le guiaba, no le dirigía, no le presionaba, ni siquiera le animaba; sólo gritaba de alegría. Y a cada grito o carcajada, Hermes iba cogiendo más y más velocidad. Íbamos embalados, ni siquiera podía mirar atrás para ver el polvo que el caballo iba levantando.
Me había fusionado casi literalmente con su grupa, agarrada con mis rodillas fuertemente, éramos prácticamente un solo cuerpo.
viernes, 6 de septiembre de 2013
LYRICA (75)
http://www.vademecum.es/medicamento-lyrica_28238
Hay veces que
me distraigo de ti
que ya no me reclamas y me pierdo
en espirales circulares
hay veces
que creo que nunca has estado
que sólo fue una broma
Hay veces que casi no recuerdo
que ya no te respiro
Hay veces que voy ciega
tanteando los sofás y las paredes
sin mirar por si te veo
Otras es sólo un reflejo en el espejo
fugaz e intermitente
y me digo que no ha sido
que nunca pasó
que ya no tendrá que ver
nunca más conmigo.
Es cuando vuelvo a vivir
y regresa el movimiento
y vuelvo a escuchar la música y a oler de un solo aliento
y entonces vuelvo a ver cosas
crecer muchas cosas dentro
Pero todo vuelve pronto
con un sólo primer latido
y así te muestras despacio
desde la sed, desde el tedio
desde lo profundo
has logrado remontar
las cascadas del espacio y del tiempo.
Y como lámpara de sal
en mi dormitorio te instalas
y pasas la noche a mi lado, no, dentro
por momentos te vas esparciendo
y muy dentro otra vez te siento
mas no queriendo
muy a mi pesar te acercas
y me robas el aliento
Hay veces que
me distraigo de ti
que ya no me reclamas y me pierdo
en espirales circulares
hay veces
que creo que nunca has estado
que sólo fue una broma
Hay veces que casi no recuerdo
que ya no te respiro
Hay veces que voy ciega
tanteando los sofás y las paredes
sin mirar por si te veo
Otras es sólo un reflejo en el espejo
fugaz e intermitente
y me digo que no ha sido
que nunca pasó
que ya no tendrá que ver
nunca más conmigo.
Es cuando vuelvo a vivir
y regresa el movimiento
y vuelvo a escuchar la música y a oler de un solo aliento
y entonces vuelvo a ver cosas
crecer muchas cosas dentro
Pero todo vuelve pronto
con un sólo primer latido
y así te muestras despacio
desde la sed, desde el tedio
desde lo profundo
has logrado remontar
las cascadas del espacio y del tiempo.
Y como lámpara de sal
en mi dormitorio te instalas
y pasas la noche a mi lado, no, dentro
por momentos te vas esparciendo
y muy dentro otra vez te siento
mas no queriendo
muy a mi pesar te acercas
y me robas el aliento
viernes, 19 de julio de 2013
SOLTANDO AMARRAS
Levad anclas marineros,
esta nave zarpa ya
Soltad amarras, liberad huecos
muy lejos, hacia alta mar.
Un balancín que chirría,
gaviotas picando en cubierta,
una cita postergada,
una nave siempre anclada.
Recurrente, sin sentido,
desgastada hasta el hastío,
rezagada e imprudente,
esperando ha envejecido.
Ya se olvidó de pescar,
es sólo una nave más,
ajada, estanca y vulgar.
Hoja de ruta cambiada.
Volcada y desamarrada.
Soltad todas las amarras,
mi navío marcha ya.
jueves, 6 de junio de 2013
DE UNA BOCANADA, DE AIRE
tu universo y el mío
Lejos y cerca al mismo tiempo
tu dolor y el mío, distintos
O tal vez más iguales que otros
la misma sensación,
O quizá distinta
qué más da
El tiempo esta vez
no hace su labor
sin saber es muy difícil
Sólo suponer tortura
se espera de ti que resuelvas
Y cuando lo crees resuelto
reaparece a través de un sueño
de una bocanada
de aire
martes, 16 de abril de 2013
OLOR A PRIMAVERA
Ya huele la primavera,
y a esta hora de la mañana, se funden con tibio frescor los desayunos.
Huelen en la calle las pisadas,
dejan tras de sí el olor de la hierba mojada.
Huelen en mi habitación, entre las ramas,
los rayos del sol que se ha filtrado.
Huelo respirar a los que pasan por mi lado,
que a cada bocanada parecen ahogados.
Por cada despertar una pisada.
Tragar cada átomo de polen,
engullir el aire sin pensarlo.
Quiero que seas por siempre inocente.
Y luego en el silencio la tarde,
el que apacigua los sueños y los brotes exaltados,
el que barniza con su luz los perfiles de los bordes,
colorear de un trazo las sombras de edificios,
germinar el sueño que baña la esperanza.
Aquí se citan las estaciones, que dejan paso a nuevos olores.
El olor de lo nuevo, de lo que siempre ha sido.
Jarras llenas de silencio que se vierten.
Quiero por siempre ser inocente.
lunes, 5 de noviembre de 2012
SIEMPRE NOS QUEDARÁ JALOGÜÍN
1.- Pasada la euforia de los primeros días, los amantes se quedan vacíos.
2.- Dado que en este país siempre vamos a la zaga y dando traspiés, habría que ir pensando en racionalizar las costumbres.
3.- Seré miel para tu garganta, siempre que me lo pidas.
4.- Siempre se me dio bien filtrar rayos de sol por las rendijas de la persiana.
5.- Somos indefinidos, qué más queremos ?!?!
6.- Que salgas mucho de farra, no te da derecho a pensar de mí que soy un zorrón.
7.- Lo bien que me va, y lo mucho que me quejo...
8.- Diagnóstico: Posibles hallazgos de sobrevaloración de ideales.
9.- ... siempre nos quedará Jalogüín, una luna muda y el tibio escalofrío de los versos de Neruda.
10.- Hubo un tiempo en el que te amaría.
11.- No hace falta cambiar nada, todo ha ocurrido tal y como ha pasado.
martes, 9 de octubre de 2012
IN TEMPORE NON SUSPECTO
Si en algún caso ocurriera
que vieras que los altos brotes
ya no llegan a alcanzarte,
que el silencio en la penumbra
atraído por la luz
ni siquiera hiciese amago
por darle sombra a tu espalda,
No huyas, no te desveles
por un momento no pienses.
Solamente y pasajera
a pesar de ser lejana
aunque ya no sea presente,
dentro de tu frente siente.
Como un rayo temporal
si de oscura trivialidad
un día te vieras preso,
en un instante hazte eterno
como un humano animal.
Pero no pienses espacios,
no busques lamentaciones,
sólo abre tu frente y siente
aunque ya no sea presente
Así fue y será siempre
In tempore non supecto.
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